Tejido a mano por Matilde
por Matilde · Valencia
Algodón, crochet y muchas horas de paciencia. Cada personaje tiene pequeñas diferencias inevitables. Nos gusta que sea así.

Apretaba los dientes como si pudiera vencer cualquier cosa, hasta que una muela rebelde le enseñó que incluso los más fuertes también tienen días para abrir la boca y pedir ayuda.
Un amigurumi, un grabado y un cuento. Pueden existir por separado, pero juntos componen un pequeño mundo propio.
por Matilde · Valencia
Algodón, crochet y muchas horas de paciencia. Cada personaje tiene pequeñas diferencias inevitables. Nos gusta que sea así.
por Josefina · Sevilla
Josefina estampa con plantas reales, usando técnica mixta buscando colores imposibles. No hay dos iguales.
Otto no hablaba mucho. En el gran río de la sabana, era la calma donde todos se apoyaban. Siempre estaba allí: ayudando a cruzar la corriente, vigilando la orilla o resistiendo el sol sin quejarse. Pero aquel día, algo cambió.
por Ana y Manu · Madrid
El cuento, ilustrado e impreso. Cada ejemplar pasa por nuestras manos antes de salir.
Un personaje, un grabado y un cuento unidos por el mismo hilo.
«Puede enamorarse de una idea en un segundo... y despedirse de ella con la misma rapidez si aparece otra todavía más emocionante»
«Su pequeña nunca pregunta adónde van. Sabe que, mientras salten juntas, cualquier camino puede convertirse en una buena aventura.»
«Empieza a hablar tan despacio que nadie se da cuenta del momento exacto en que deja de hacer lo que estaba haciendo para escuchar.»
«Siempre encuentra una explicación brillante para todo... menos para entender por qué cada día necesita alejar un poco más el libro para poder leerlo.»
«Avanzaba entre dudas y juegos, guardando en su memoria cada pequeño descubrimiento, como si el mundo fuera demasiado grande… y al mismo tiempo justo a su medida.»
«No necesito estar siempre cerca para quererte. A veces, la distancia es mi forma de cuidar.»
«Pasó media vida explicando que no era un oso… y la otra media aprovechando la confusión para salirse con la suya, porque a esas alturas ya sabía que no hacía falta parecerse a uno mismo para tener muy claro quién era.»
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